Historia del pelo afro

Es normal que soñemos con el día en el que nuestro pelo esté maravilloso. Pero ¿qué pasaría si ese término, «pelo maravilloso», tuviese una gran connotación negativa que te llevase a cuestionar tu belleza y tu identidad? La historia del pelo afro va más allá de los tipos de rizos. Es algo que traspasa lo estético, algo que incluye celebración como controversia.

Puesto que cada vez hay más gente negra que acepta su pelo tal y como es, y dado que en noviembre de 2020 lanzamos una colección centrada en el pelo afro, decidimos investigar lo que se esconde tras el pelo natural. 

La tradición y la espiritualidad del pelo

En los países africanos, las tribus se arreglaban el pelo para algo que iba más allá del estilo (y todavía se sigue haciendo así). Las trenzas intrincadas que lucían tenían que ver con el estatus. El peinado daba mucha información sobre la identidad de la persona; hablaba del rango, de la religión o del estado marital. Estos looks tan elaborados podían llevar varias horas de trabajo, a veces incluso días, de modo que el proceso se utilizaba también para fortalecer los lazos con la comunidad. La persona que trenzaba el pelo lo hacía tanto por servicio social como por ritual, y no esperaba recompensa.

Asimismo, se creía que el pelo albergaba un significado espiritual y que poseía un inmenso poder. Al ser la parte más alta del cuerpo, se pensaba que era el lugar por donde los dioses y los espíritus entraban para llegar al alma. El trenzado era algo artístico y lo enseñaban las mujeres de la familia de más edad. En cuanto a las peluqueras, se las consideraba expertas y, dentro de la sociedad, eran las personas en las que más se podía confiar.

El comercio de esclavos

En 1619, el comercio de esclavos lo cambió todo, no solo por el hecho de arrebatarles la libertad a millones de personas africanas, sino también por extirparles su identidad cultural. Viajar en barcos durante largos períodos de tiempo ocasionaba que se apelmazara el cabello, motivo por el cual los propietarios de esclavos afeitaban las cabezas de los hombres y de las mujeres (algo que se habría tachado de crimen atroz en muchas tribus). Los propietarios de esclavos y los comerciantes se referían al pelo de los esclavos como «lana», para deshumanizarlos.

Cuando el pelo volvía a crecer, los hombres y las mujeres adoptaban un nuevo estilo que nacía de la practicidad: empezaban a trenzarlo por comodidad cuando trabajaban en las plantaciones. No disponer de las herramientas y de los tratamientos herbales que se usaban tradicionalmente en África para limpiar y peinar el pelo significaba que tenían que recurrir a otras cosas a las que tenían acceso, como grasa de cerdo, manteca y queroseno.

Las trenzas no tardaron en ir más allá de ser fruto de la conveniencia: llegaron a ser una herramienta con la que salvar la vida. Las mujeres, que tenían más margen de movimiento en los campos que los hombres, pasaron a ser las responsables de hacer mapas para escapar. Dibujar o escribir las direcciones (cosa poco probable, dada la baja o nula educación que tenían) era demasiado arriesgado, así que utilizaban las trenzas para hacer mapas y solían esconderse entre ellas pequeños trozos de oro o semillas para sobrevivir después de escapar.

Las secuelas psicológicas

La subasta de esclavos de la época también valoraba la blancura de la persona en cuestión. Los rasgos anchos, el pelo rizado y la piel oscura no se consideraban atractivos, mientras que aquellos esclavos que tenían la piel más clara o el pelo más suave costaban más. Esta mentalidad tóxica y profundamente perjudicial se instaló en la mente de las distintas generaciones, y esto supuso para la gente negra una relación complicada con su identidad y con su pelo natural.

El siglo XVIII trajo consigo una amenaza para el status quo cuando las mujeres negras libres lucían peinados atractivos que llamaban la atención de posibles pretendientes. Así las cosas, en 1786, se instauró en Luisiana la Ley Tignon, que exigía que las mujeres negras llevaran un pañuelo en la cabeza para cubrirse el pelo. Obligadas a acatar la ley, se rebelaron de la única forma en que pudieron: llevando pañuelos hechos de bonitas telas, cosa que atraía aún más la atención.

La esclavitud terminó en 1865, pero las nuevas generaciones siguieron experimentando las secuelas emocionales y psicológicas, como se ve en algunos ámbitos de la cosmética, el cuidado capilar entre ellos. En 1872, François Marcel Grateau, un peluquero francés, inventó un peine para alisar que más tarde Annie Malone, una mujer negra del siglo XX, patentaría bajo el nombre de hot comb (una especie de plancha para el pelo). La plancha la utilizaba la gente negra para imitar el pelo europeo. Tener el pelo más liso y más fino llegó a ser un requisito para conseguir ciertos trabajos, para asistir a algunas escuelas e iglesias y para ser aceptada en algunos grupos sociales. Se consideraba que las mujeres negras con el pelo liso estaban mejor adaptadas y las blancas las aceptaban más. Con la invención de diferentes modelos de peines, las mujeres negras siguieron optando por el pelo liso, que encajaba dentro de los estándares de belleza europeos.

El movimiento del pelo natural

En la década de 1920, Marcus Garvey, el importante activista en derechos civiles, animó a quienes le seguían a que recuperasen su estética natural con el eslogan remove the kinks from their mind, not their hair (que podría traducirse como «quitaos los nudos de la mente, no del pelo»). Fue en 1960 cuando la retórica de Marcus Garvey les llegó a las activistas políticas Angela Davis y Cicely Tyson, así como en una actriz americana que arriesgó su carrera cortándose el pelo que tenía (alisado químicamente) antes de debutar en la televisión; lo hizo porque creyó que el personaje que iba a interpretar llevaría una melena natural.

En 1930, Haile Selassie fue coronado como emperador de Etiopía. Cuando tuvo que exiliarse, tras liderar la resistencia contra la invasión italiana, la guerrilla prometió no cortarse el pelo hasta que lo liberaran. Con el paso del tiempo, el pelo se les apelmazó y se les formaron largos rizos. Estos rizos (locks, en inglés) se asociaban estrechamente con estos guerreros, dado que fueron temidos o indeseados (dreaded, en inglés); y así fue como nació el término dreadlocks («rastas», en español). El rastafarismo llegó a Jamaica en 1935, donde vieron a Haile Selassie como un mesías. Hoy en día, mucha gente equipara los rizos con una forma de vida rastafari, sin embargo, no todas las personas que tienen rastas siguen el movimiento, sino que las emplean como una forma de expresión.

En la década de 1950, se lanzó un alisador permanente. Los químicos necesarios para que la estructura natural del pelo cambiara a un estado liso permanente causaba irritación en el cuero cabelludo, quemaduras, caída del pelo y perjuicio capilar en general. Pero el cambio estaba a la vuelta de la esquina. Las palabras poderosas de Marcus Garvey calaron en la comunidad negra, lo que llevaría a tomar acción.

La revolución del poder negro

El movimiento del poder negro de los años 60 pretendía cambiar la imagen que tenía la comunidad negra de sí misma y el poder que ostentaba. Reactivó el orgullo racial y promovió que las personas negras tuvieran interés tanto en lo político como en lo social. El afro se convirtió en un símbolo de poder y orgullo negros. Había gente que veía el alisado como una forma de asemejarse a las personas blancas, de manera que el abandono de esta práctica fue una forma de terminar con las cadenas mentales y volver a las raíces. Los activistas y los artistas negros hicieron de su pelo una forma de expresión y se acuñó la expresión Black is beautiful («Lo negro es bello»).

Las trenzas ya no eran un motivo de vergüenza, sino de celebración. No obstante, cuando la actriz Bo Derek, blanca y rubia, acaparó titulares por llevar trenzas en la película 10, la mujer perfecta, y se le alabó mucho el look, hasta el punto empezar a denominarse «Trenzas Bo», la comunidad negra sintió que le habían echado un jarro de agua fría. Aunque fue apropiación cultural, la revista estadounidense People lo denominó «moda multicultural»; aun así, el mismo look en una persona negra se consideraría gueto o feo.

En los entornos laborales, las trenzas, lo afro y los rizos levantaban suspicacias y a mucha gente se la despedía por el peinado, porque las empresas afirmaban que el estilo no iba en consonancia con la imagen del negocio. En la sociedad actual, se sigue vigilando el pelo de las personas negras, los medios de comunicación siguen creando una imagen negativa del pelo afro y la gente todavía usa términos como nappy («pañal», en español), wild («salvaje») o untamed («descontrolado») para describir la melena de una persona negra.

El viaje de los cabellos naturales en el siglo XXI

Allá por los 2000, el movimiento del pelo natural estaba listo para volver a aparecer. En esta ocasión, no existía una agenda concreta o un propósito político detrás del movimiento, sino individuos que lo elegían por sus propias razones. La industria del pelo de las personas negras se valoraba en torno a 88 millones de dólares y las marcas mainstream, que generalmente no prestaban atención al pelo afro, empezaron a trabajarlo para sacar provecho de él. El movimiento seguía tratando de libertad, y también era un homenaje a la comunidad negra que luchó en los 60.

Es posible que a día de hoy las trenzas no se vean como se veían, pero el pelo de las personas negras siempre será político. Ya entres en el debate don’t touch my hair («no me toques el pelo») o leas sobre el último peinado del que las Kardashians se han apropiado, la conversación siempre estará ahí, y a veces provocará divisiones. Necesitamos encarrilar la conversación hacia lo que realmente importa: entender la historia del pelo afro.

El pelo de las personas negras no es una moda, sino una forma de reclamar la identidad que les robaron en su momento. Así pues, la próxima vez que te mires en el espejo y desees que tu pelo incontrolable desaparezca, cuando le preguntes a alguien cuánto tarda en domar su pelo salvaje, o estés pensando en contener tu esencia afro para una entrevista de trabajo, piénsalo otra vez: lo afro, sea en la forma que sea, es algo bello y está enraizado en una historia dolorosa que las personas negras siguen intentando superar.

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